El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer. La Organización de Naciones Unidas (ONU) instituyó su conmemoración a nivel mundial en 1975. Sobre el sentido de la fecha elegida se ofrecen distintas versiones. La más extendida la relaciona con un trágico suceso ocurrido en Nueva York, en 1911, que ocasionó la muerte de más de un centenar de trabajadoras textiles.

El lema utilizado en 2017 se apoya en los objetivos de la ONU para un Desarrollo Sostenible. «Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030». El mensaje emitido por la directora ejecutiva de ONU Mujeres alude a esta circunstancia. “Queremos construir un mundo del trabajo distinto para las mujeres. A medida que crecen, las niñas deben tener la posibilidad de acceder a una amplia variedad de carreras, y se las debe alentar a realizar elecciones que las lleven más allá de las opciones tradicionales, en las áreas de servicio y atención, y les permitan conseguir empleos en la industria, el arte, la función pública, la agricultura moderna y la ciencia”. 

En numerosos países las responsabilidades familiares continúan recayendo en exclusiva sobre mujeres y niñas. No solo son quienes realizan siempre las tareas del hogar, también destinan el doble de tiempo que los hombres al cuidado de hermanos menores, familiares, enfermos o ancianos. Esta situación restringe su acceso a la educación y, en consecuencia, disminuye sus posibilidades de desarrollo personal y social.

8 de marzo: la vejez en femenino

En España, un porcentaje elevado de mujeres mayores sufrió esta injusta realidad siendo niñas. Por fortuna, el acceso a la educación de las generaciones actuales está garantizado; no obstante, aún persisten problemas de igualdad sustanciales. La violencia de género es sin duda el más grave; constituye una lacra social que, paradójicamente, también afecta a sociedades avanzadas en las que la ley garantiza la equidad entre sexos.

Por otra parte, como pone de relieve la Unión Democrática de Pensionistas, las desigualdades de género se acentúan con la edad. Datos recientes indican que nuestro país cuenta con 8.657.705 personas con 65 y más años. De ellas, 4.940.008 son mujeres y 3.717.697 son hombres; es decir, hay un 32,9% más de las primeras. La mayor esperanza de vida, sin embargo, se acompaña de un peor estado de salud; asimismo, sus recursos económicos son más bajos y, en ocasiones, viven en una soledad no elegida. El sexo predominante en la vejez es el femenino, pero sus condiciones de vida son desfavorables respecto al masculino. Es un problema que debe abordase mediante actuaciones políticas de calado. Las mujeres mayores tienen, por tanto, sobradas razones para reivindicar la igualdad de género. Y no solo el 8 de marzo, sino a lo largo de todo el año.

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