Descubrir la Filosofía es una práctica desarrollada por los numerosos alumnos de nuestro protagonista en sus largos años de docencia. Hoy, por el contrario, la asignatura es objeto de intensa polémica ante su posible desaparición. Emilio Lledó niega ser filósofo; se autodefine como profesor de Filosofía, materia que estudió en Madrid, en la Universidad Central, hoy Complutense. En 1952, tras licenciarse, marchó a Alemania llevando tan solo una maleta de cartón, según relata. Allí prosiguió sus estudios rodeado de grandes maestros filósofos. Gracias a Gadamer, logró una beca con la que pudo concluir su doctorado en la Universidad de Heidelberg.

Una parte sustancial de su vida académica discurrió entre España y Alemania. Su brillante carrera ha sido reconocida por ambos países con numerosas distinciones. En 1990, obtuvo el Premio Alexander Humboldt de la República Federal Alemana, de la que también ostenta la Cruz del Mérito. En España, en 1992, fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura; desde 1993, es miembro de la Real Academia Española; en 2014, recibió el Premio Nacional de las Letras y, en 2015, el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Descubrir la Filosofía: plantear preguntas

Para Emilio Lledó la Filosofía es fruto de la curiosidad y el asombro del ser humano ante lo que le rodea. Responde a una actividad inherente al mismo, pues se plantea preguntas acerca de su lugar en la naturaleza. Nunca significó lo que se conoce como amor a la sabiduría; es consecuencia de la necesidad humana de situarse en el mundo, interpretarlo y modificarlo. Para algunos se trata de un saber ajeno a la realidad, pero no hay nada menos cierto; obedece a estímulos concretos y forma parte de nuestra cultura desde hace 3000 años.

Defensor a ultranza del derecho a una educación igualitaria, el veterano profesor sostiene que los filósofos griegos fueron los primeros educadores. Ellos arrancaron a las clases poderosas el conocimiento de los fenómenos naturales y sociales. Difundieron el saber por toda Grecia y transmitieron que la “areté”, considerada como excelencia humana, no era un privilegio de la sangre noble. Podía ser aprendida y, por lo tanto, enseñada; es decir, estar al alcance de cualquier ciudadano común.

A los 90 años, nació el 5 de noviembre de 1927, Emilio Lledó continua rodeado de libros y prepara su próxima obra, como muestra esta reciente entrevista. Deseamos que disfrute muchos años de su envejecimiento activo y continúe ayudando a descubrir la Filosofía.

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