El concepto dieta mediterránea hace referencia a un determinado patrón dietético, propio de las riberas del mar Mediterráneo. Se trata de un modelo alimentario común a un conjunto de países con características muy heterogéneas. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) la declaró patrimonio inmaterial de la humanidad en 2010La distinción le fue otorgada en calidad de vínculo cultural favorecedor de la interacción social mediante el uso compartido de alimentos. Originariamente, la palabra dieta significó estilo de vida. La dieta mediterránea no es tanto una forma de comer como una forma de vivir.

Alrededor de la cuenca mediterránea florecieron grandes civilizaciones, protagonistas de la historia del mundo antiguo. Usaron la navegación marítima como elemento de comunicación e intercambio. Los orígenes de la dieta mediterránea bien podrían remontarse al cultivo de cereales y legumbres en una amplia región del mediterráneo oriental. Fenicios, griegos y romanos añadirían la producción de la vid, con la consiguiente elaboración de vino; también la del olivo, de cuyo fruto extraían el aceite, grasa esencial en este tipo de dieta. Posteriormente, los árabes aportaron elementos propios de su cultura alimentaria; añadieron, además de nuevas formas de cocinado, una amplia gama de hortalizas y frutas.

Dieta mediterránea y salud

Gran parte de los problemas de salud actuales son resultado de un alejamiento progresivo de patrones alimentarios tradicionales. Es el caso del incremento de patologías crónicas o de enfermedades degenerativas. El tipo de alimentos consumidos se aleja cada vez más de los ofrecidos siempre en mercados y plazas públicas. Por otra parte, se generalizan hábitos tan perjudiciales como el sedentarismo.

Para atajar el problema debe incrementarse el grado de la actividad física e integrarlo en rutinas habituales, como desplazamientos y ocio. También es necesario consumir abundantes alimentos de origen vegetal: hortalizas, frutas, cereales, estos últimos en su versión integral, y frutos secos. Todos estos alimentos son una fuente notable de fibra y micronutrientes esenciales. Los alimentos de origen animal deben consumirse en raciones moderadas y es preferible elegir pescados blancos o azules, carnes poco grasas y huevos. El agua es el líquido ideal para acompañar las comidas; aunque los amantes del vino prefieran este. Los efectos beneficiosos de tan singular bebida son cuestionados por relevantes nutricionistas interesados en el cuidado de la salud.

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