Fomentar la natalidad mediante una campaña publicitaria es una de las medidas gubernamentales previstas contra la supuesta crisis demográfica española; se calcula que su coste final ascenderá, al parecer, a un millón de euros. En la entrada anterior, Mª Dolores Puga proporcionaba abundantes explicaciones sobre la realidad demográfica actual. Se trata de un nuevo escenario internacional con una estructura de edades distinta: en el futuro, habrá menos niños y más personas mayores. Es un proceso sin marcha atrás, común a todos los países del mundo. Para poder afrontarlo apropiadamente, conviene admitir este hecho cuanto antes.

Sus argumentos abrían algunos interrogantes al respecto. ¿Es realmente efectiva la medida proyectada? ¿Resulta adecuada? ¿Deberían adoptarse otras acciones? Teresa Castro, perteneciente asimismo al CSIC, aportaba pocos días después nuevos razonamientos ante la Comisión Especial sobre la evolución demográfica en España.

Fomentar la natalidad: algunas observaciones

La investigadora comenzó su intervención lamentando la injerencia en cuestiones demográficas de profesionales ajenos a este ámbito. Los demógrafos no somos pesimistas, sino realistas; los enfoques alarmistas no aportan auténticas soluciones, sino falsas expectativas, afirmaba. La experiencia sobre políticas natalistas en distintos países indica su ineficacia. La labor del estado debe ser mejorar las condiciones socioeconómicas para que las parejas puedan cumplir sus deseos reproductivos. Una fecundidad baja, por debajo de los deseos de aquellas, es un termómetro de que algo falla en la sociedad. El eurobarómetro muestra que tanto en España como en Europa la preferencia por dos hijos se ha mantenido estable a lo largo de cinco décadas. Sin embargo, en la actualidad, la fecundidad encuentra numerosas barreras.

La gente quiere tener hijos, pero no encuentra el momento. Con frecuencia se achaca a que las mujeres trabajadoras topan con mayores dificultades. Podía ser así hace décadas; ahora, el trabajo femenino ha dejado de ser un obstáculo para convertirse en un requisito. La asociación entre participación laboral femenina y nacimientos es positiva, no negativa. Las españolas trabajadoras duplican en fecundidad a las que no trabajan. La baja fecundidad tampoco es consecuencia del tipo de uniones sentimentales. El contexto familiar en el que se tienen los hijos no tiene nada que ver con el de años atrás. Hoy nacen el mismo numero de niños dentro y fuera del matrimonio; proviniendo estos últimos de parejas de hecho.

Fomentar la natalidad: medidas efectivas

Según Teresa Castro, los obstáculos que impiden tener hijos se encuentran en el mercado de trabajo, las políticas publicas y la desigualdad entre hombres y mujeres. Si estamos de acuerdo en que la natalidad es buena para la sociedad habría que disminuir su coste; actualmente, recae completamente en las familias y, sobre todo, en las mujeres. Las decisiones reproductivas no se toman por un cheque. Es necesario, por ejemplo, que exista una amplia red de escuelas infantiles; faltan políticas publicas educativas que garanticen la atención de 1 a 3 años. También habría que garantizar la protección de padres y madres trabajadoras. La conciliación trabajo-familia no pasa por salir a las cinco de la tarde. Estamos en una economía cercana a un trabajo de 24 horas, 7 días a la semana. Eso es inevitable, pero sí es posible flexibilizar los horarios.

Por otro lado, la precariedad laboral entre los 30 y los 37 años es elevada. Pero es a esta edad cuando se toman las decisiones reproductivas: emanciparse, formar una familia, establecerse en el trabajo y conformar una trayectoria laboral. Los adultos jóvenes necesitan ayuda en esta franja de edad o, al menos, disminuir la incertidumbre laboral. Nadie decide tener un hijo en un contexto de  precariedad; no se trata de egoísmo, sino de responsabilidad. Si uno no puede sostenerse a sí mismo, no querrá tener un hijo, afirmaba rotunda Teresa Castro.

En este enlace se puede visualizar la comparecencia de la investigadora sobre fomentar la natalidad. 

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