Asociar jubilación laboral con pasividad, mala salud o dependencia era muy común hasta fechas relativamente recientes. La hoja roja narra la amarga historia de Don Eloy, un personaje a quien tras jubilarse no le queda sino desesperanza. Las circunstancias que le rodeaban eran reales en el tiempo en que la novela fue escrita por Miguel Delibes, su autor; sin embargo, en la actualidad han dejado de ser ciertas.

La jubilación marca un punto de inflexión en el cual el individuo debe hacer frente a dos escenarios contrapuestos. El primero, el mundo del trabajo, es sobradamente conocido. No en vano se corresponde con la dilatada historia de vida laboral. El segundo, la jubilación laboral, es una nueva condición y, por tanto, es lógico que su desconocimiento provoque inseguridad. El grado de incertidumbre dependerá de las características personales de quien inicia una andadura percibida sin retorno.

Jubilación laboral: nuevas oportunidades

Reconvertir en tiempo libre las horas dedicadas al trabajo obliga a modificar rutinas cotidianas. Conviene anticipar las posibles alternativas. Se trata de diseñar proyectos de futuro satisfactorios que faciliten la adaptación al nuevo estado. Desde una óptica sociocultural, la jubilación laboral supone de algún modo la entrada oficial en la vejez; denominada también tercera edad. Pero identificar vejez con desinterés por la vida activa es un error grave. Quienes en estos momentos dejan el mundo del trabajo remunerado lo hacen en condiciones altamente favorables. Numerosas oportunidades de desarrollo personal y social se abren ante ellos. Pero antes es necesario recabar información, pues en función de los gustos personales deben elegirse unas ocupaciones u otras. 

El intenso cambio social de las últimas décadas ha modificado las rígidas fronteras que separaban tradicionalmente las etapas vitales. El proceso de envejecimiento se ha visto favorecido con ello. Hoy se alcanza la jubilación con una esperanza de vida más dilatada y con condiciones de salud, socioculturales y económicas más propicias que las de generaciones previas. La falta de obligaciones laborales no debe inducir a detener el reloj personal, sino a planificar del mejor modo un envejecimiento activo y saludable.

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