La crisis de las pensiones de jubilación es un asunto candente por sus implicaciones personales, socioculturales y económicas. Los medios de comunicación advierten del agotamiento del Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Surgen preguntas acerca de la futura financiación de las pensiones, pero la información al respecto dista de ser unánime. ¿Es realmente insostenible el sistema, como parece opinar un elevado porcentaje de población? ¿Son indispensables los planes de jubilación privados, según señalan, interesadas, las entidades financieras? ¿La solución del problema es solo una cuestión de voluntad política, tal como afirman determinadas fuentes informativas? Sin duda, la supuesta crisis es un asunto controvertido y el modo en que se analiza condiciona sobremanera las posibles respuestas.

El enfoque más común consiste en achacar las dificultades al aumento de la esperanza de vida y el descenso de nacimientos. Así, la mejor solución pasaría por incrementar los periodos contributivos, reducir la cuantía del gasto y fomentar la natalidad; unas medidas que, al parecer, aseguran el mantenimiento futuro de las pensiones de jubilación. La idea, a fuerza de repetirse, está generalizándose. Los propios jubilados se muestran convencidos de que solo esta fórmula solventará el problema. ¿Pero resulta adecuada esa perspectiva de análisis?

Algunos datos sobre la crisis de las pensiones

El principal argumento sobre la inviabilidad del sistema público de pensiones es que, agotado el fondo de reserva, es imposible mantenerlo vigente; carece de recursos con la capacidad de financiación necesaria. Pero no es frecuente mencionar las causas de esa reducción, debida en su mayor parte a gastos ajenos a la propia Seguridad Social. También se apunta a que la sostenibilidad de las pensiones depende del número de trabajadores futuros. El equilibrio financiero deriva sin duda de que gastos e ingresos se igualen; no obstante, debe considerarse que la productividad no es el resultado directo de cuántas personas producen, sino de cuánto producen estas. Por otra parte, ¿son las cotizaciones a la Seguridad Social la única vía de financiación posible para las pensiones?

Se alude asimismo al elevado porcentaje del Producto Interior Bruto dedicado a pensiones, que deberá aumentar aún más. Sin embargo, las estimaciones de futuro realizadas no parecen amenazar el sistema; incluso, con el incremento de pensionistas esperado a partir de 2020. Países de nuestro entorno, se sitúan muy por encima de España en gasto social, como puede comprobarse, sin que sus economías se resientan. En resumen, la crisis de las pensiones de jubilación públicas deberá ser atajada con medidas de naturaleza política que garanticen su permanencia. En caso contrario, se habrá venido abajo el principio de generosidad intergeneracional que ha regido a lo largo de toda la historia humana. Y, en ese caso, las pérdidas serían inconcebibles.

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