María Blasco, una prestigiosa bióloga molecular, es también una experta en envejecimiento celular a nivel mundial. A esta circunstancia y no a su edad, nació en 1965, obedece su presencia en este apartado. Ha publicado numerosos artículos científicos en revistas internacionales y su trayectoria profesional ha sido ampliamente galardonada. En 2010, recibió el Premio Nacional de Investigación. Actualmente dirige el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), reconocido por sus sobresalientes estudios sobre el cáncer.

Su labor investigadora se centra en la función de los telómeros. Son unas estructuras biológicas que han sido comparadas con el refuerzo final de los cordones de zapatos; sin su protección, se deshilachan. Los telómeros se encuentran en los extremos de los cromosomas. Con cada división celular, sufren un ligero acortamiento; alcanzado un punto crítico, la célula muere. La telomerasa es una enzima que evita este proceso. Pero la telomerasa solo está presente en células germinales, mientras que las somáticas carecen de ella. En pruebas de laboratorio, se ha logrado introducir telomerasa en estas últimas, ampliando considerablemente el tiempo de vida de los animales estudiados. El esclarecimiento de tan complejas cuestiones es una prometedora línea de estudio para ampliar el conocimiento del envejecimiento biológico.

María Blasco, autora de Morir joven, a los 140 años. 

En abril de 2016, ha visto la luz un libro que da cuenta de estos asuntos. Una reconocida periodista, especializada en divulgación científica, ha colaborado en la tarea. Al parecer, el envejecimiento humano no es un destino obligado. Es un proceso no previsto por la evolución, desencadenado por distintas patologías. El estudio de personas supercentenarias ha contribuido a poner de manifiesto el hecho. Hoy está admitido que alcanzar edades avanzadas es posible porque las enfermedades asociadas a la vejez se desarrollan más tarde.

La longevidad está condicionada por factores genéticos y medioambientales. A los primeros se les atribuye una influencia del 20 por ciento, mientras que de los segundos depende el 80 por ciento restante. Por esta razón, los estilos de vida desempeñan un papel primordial. No se trata tanto de curar dolencias como de prevenirlas; es decir, estar sano durante el mayor tiempo posible. O, lo que es lo mismo, alargar los años de juventud. La finalidad de la investigación sobre los telómeros no es que poder vivir el doble, sino que no aparezcan prematuramente las patologías asociadas a la edad avanzada. Para ello es necesario combatir los procesos de envejecimiento celular. Según María Blasco, la ciencia alcanzará este objetivo en un futuro cercano. En el vídeo aparece en la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, explicando su trabajo.

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