Se llama Margarita del Val Latorre y no solo es una experta en vacunas, sino que se ha convertido en una científica muy popular. La prensa, la radio, la televisión, y por supuesto las redes sociales, se hacen eco de sus recomendaciones. Y es que es una gran conocedora de los virus y las vacunas contra sus daños. No en vano, domina el terreno desde que era muy joven. Nació el 28 de septiembre de 1959, en Madrid, y estudió Ciencias Químicas en la Universidad Autónoma de esta ciudad. Su trayectoria profesional es extensa. En la actualidad, desarrolla su trabajo en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, del CSIC, en el que lo hizo así mismo la infatigable Margarita Salas

Una experta en vacunas que divulga ciencia

La pandemia por el SARS-CoV-2 la ha hecho famosa. No se cansa de atender a los medios, que la reclaman casi a diario. Y es que sabe dar la información que le demandan. Todos la entienden bien: es una buena comunicadora. La divulgación de la ciencia es su fuerte. Fue una de las primeras en avisar del problema que se avecinaba. El 9 de marzo ya escribió sobre el coronavirus en su blog. El contagio no era solo un problema individual, sino colectivo, afirmó. Casi un año después del primer caso diagnosticado, el número de muertos y afectados no deja de aumentar de día en día.

La viróloga cree que estamos en el peor momento. Para ella se trata de la cuarta ola. La primera, en primavera; la segunda, en verano; la tercera, en otoño. Y con las fiestas de Navidad vino la cuarta. El frío amplía las actividades en el interior. Y el contagio es diez veces más alto que al aire libre. Insiste en la necesidad de tomar medidas con el fin de parar la transmisión del virus. Seguir con las normas de higiene en el uso de mascarillas, el lavado de las manos y la distancia; respetar el tiempo de cuarentena; el rastreo de los portadores, sobre todo de los asintomáticos que lo trasmiten de forma silenciosa; en fin, nada que no se conozca aunque, a la vista de la situación, parece que se ignora.

Del Val se queja de que el ritmo de vacunación es lento. Aconseja a todos que se vacunen; también a los que han pasado ya la enfermedad. Y advierte a quienes dudan de su conveniencia: «las vacunas no protegen de la infección, sino del sufrimiento, de los síntomas de la enfermedad y de la muerte». No se puede decir más claro.

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