A José Sacristán le gusta presentarse como el hijo de la Nati y el Venancio. Y es que no olvida de dónde y de quién viene. Nace en plena Guerra Civil, en Chinchón (Madrid), el año 1937. Y, como a tantos otros, la contienda marcó su infancia. Él no sabía qué había pasado; no se hablaba de ello. Pero de algún modo intuía que había habido una pelea. Y que él era de los que la habían perdido. De puertas afuera, se palpaba una cierta hostilidad en el entorno. Por el contrario, de puertas adentro, recibía el cariño de su abuela y de su tío, que le criaron de niño. Su madre no siempre estaba en casa; iba tras el marido preso, por rojo, de cárcel en cárcel. 

Se enamoró del cine nada mas verlo. Aunque tardó en descubrir que aquello no era verdad; que se disfrazaban y actuaban. Y quiso ser también actor. De adolescente trabajó en un taller mecánico. Pero, tras cumplir el servicio militar, lo dejó por el escenario. El Venancio se oponía; quería hacer de él un hombre de provecho. Sin embargo, la Nati fue su cómplice en el empeño. Y, con su empuje, echó a andar en las tablas. 

Un premio más para el hijo de la Nati y el Venancio

Está reconocido como uno de los mejores actores del mundo. Desde el 2 de julio, tiene un nuevo galardón en su ya largo catálogo. Esta vez se trata del Premio Nacional de Cinematografía 2021; uno más de los muchos que ha recibido a lo largo de sus más de seis décadas de carrera. Quizá el secreto esté en que al interpretar un papel piensa en el crío que se enamoró del cine; un niño que quiere ser algo distinto a lo que es. Ha hecho de la humildad su insignia: envidio a quienes tienen más cultura que yo, declaró en una entrevista. No oculta sus ideas políticas, cercanas a las del Venancio, y defiende causas en favor de la igualdad. No obstante, cree que la vida es una batalla perdida de antemano; que uno muere sin lograr acabar con la injusticia que rodea a la existencia humana.  

Tuvo grandes maestros, a la par que amigos. Uno de ellos fue Fernando Fernán Gómez, que le enseñó, más que a ser actor, a ejercer la profesión. Otro, Miguel Delibes, del que aprendió a mirar. A vuelto al teatro con la obra que la pandemia interrumpió: Señora de rojo sobre fondo gris. Trata de la muerte, a los 46 años, de Ángeles de Castro, la esposa de Delibes. Es una novela que este se negó a representar en vida. Tras su muerte, los hijos del escritor dieron el visto bueno. A Sacristán le emociona oír en el teatro los aplausos de sus herederos. Y, por supuesto, los del público que la ve.       

 

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