Las neuronas de la empatía son las llamadas neuronas espejo. Su nombre obedece a que funcionan a modo de espejo en el cual se reflejan los actos de los demás. Y el resultado es que nos hacen sentir lo mismo que ellos. Un caso muy común es la facilidad con que se contagia la risa, aún sin saber la causa que la provoca. Otro tanto ocurre con el llanto; no solo en la vida real, también en el cine o al leer un texto que nos conmueve. Y qué decir de los bostezos; es algo que hemos vivido en más de una ocasión.

Se conocen desde principios de los 90 del siglo XX. Y su hallazgo, como ocurre a veces en el campo de la ciencia, se debe a la casualidad. Sucedió en la Universidad de Parma, en Italia. El neurocientífico Giacomo Rizzolatti estudiaba el funcionamiento de las neuronas motoras, que son las encargadas del movimiento, en un grupo de monos. Un miembro del equipo descubrió que estas no solo se activaban al efectuar un gesto, también al observarlo en otro. La sorpresa fue grande. Y marcó el comienzo de una línea de trabajo que llevó a revelar su existencia no solo en el cerebro de los primates, también en el de los humanos.

Las neuronas de la empatía son hoy más necesarias que nunca

Gracias a las neuronas espejo, el comportamiento de los otros se refleja en el nuestro. Nos impulsan a imitar la conducta de otras personas y son la base del aprendizaje. Su importancia, no obstante, va más allá de la adquisición de hábitos y destrezas. Rizzolattti lo expresa muy bien. «Somos criaturas sociales. Nuestra supervivencia depende de entender las acciones, intenciones y emociones de nuestros semejantes. Las neuronas espejo nos permiten entender la mente de los demás; no solo a través de un razonamiento conceptual, sino mediante la simulación directa. Sintiendo, no pensando«. Por eso son la clave de la empatía. Nos inducen a ponernos en el lugar del otro y a solidarizarnos con él.

Sin embargo, no todo el mundo tiene la misma disposición a la hora de empatizar con sus semejantes. No es una capacidad que se distribuya por igual. Y en los momentos en que las dificultades crecen, eso es triste. La pandemia provocada por el SARS-CoV-2 nos afecta a todos, aunque no del mismo modo. Las consecuencias solo se podrán paliar con altas dosis de empatía. Y, como no puede ser de otra forma, el fin ha de ser ayudar a los más dañados. Que cada cuál, en su medio, elija cómo y a quién puede prestar su ayuda. Los ejemplos no faltan

2 Respuestas

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.