La creatividad en los fogones es el santo y seña de Juan Mari Arzak. Y lleva desarrollándola más 50 años; aunque él asegura que se le han pasado muy rápido. A pesar de ello, decidió no hace mucho que ya era el momento de jubilarse. ¿Debido a una reciente neumonía? Pues es posible. Fue un duro proceso que le mantuvo alejado de los fogones a la fuerza. Lo cierto es que quiere dejar su prestigioso restaurante en manos de su hija Elena. Ella será la encargada de continuar al frente de una tradición familiar que lleva en pie desde 1897. No obstante, él sigue acudiendo allí cada día.

Arzak nació en San Sebastián en 1942. Fue su madre quien le trasmitió el amor a la cocina. En su juventud inició estudios de aparejador, pero los dejó pronto. A pesar de los deseos maternos, quiso continuar al frente de aquel negocio. Primero conoció mundo: saboreó platos nuevos y se puso a las órdenes de cocineros de renombre. Hasta que conoció a Paul Bocuse, que le demostró que cocina y arte pueden ir de la mano. En 1966, volvió a casa con un claro objetivo: evolucionar la cocina vasca sin renunciar a sus raíces. Y consiguió con creces ese propósito.

Una ciudad ideal para desarrollar la creatividad en los fogones

La taberna abierta por sus abuelos hoy es un templo de la gastronomía. Juan Mari y su restaurante han recibido numerosos premios y reconocimientos. Entre otros muchos, al mejor cocinero, al mejor restaurante, el de Vasco Universal y el premio a las artes El Delantal de Oro. En 1972 obtuvo su primera estrella Michelin; en 1978, la segunda; y finalmente, en 1989, la tercera. La guía gastronómica de mayor prestigio a nivel mundial le premiaba con su máxima distinción.

En la hermosa ciudad donde nació todos le conocen: es campechano, locuaz y buen comedor y bebedor. Se pasea habitualmente por las zonas más frecuentadas de Donosti. Entre ellas, el mercado de La Bretxa, donde busca ingredientes de primera calidad para sus platos. Su obsesión en este sentido es proverbial. Cree que es imposible preparar una buena comida sin una óptima materia prima. Su última creatividad en los fogones no es gastronómica, sino literaria. Es un libro titulado Arzak+Arzak, hecho mano a mano con su hija y sucesora. Un nuevo proyecto que, sin duda, también resultará exitoso.

 

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