Cuidar al cuidador de una persona dependiente es una necesidad social básica. Se trata de una tarea que requiere grandes dosis de renuncia y esfuerzo por parte de quien la realiza. Para cuidar bien es preciso cuidarse y contar con apoyos. Solo así se podrán afrontar los efectos negativos de una labor tan dura. La sensación de soledad es uno de los mayores enemigos del cuidador. La reducción de contacto social, junto al agotamiento físico y/o emocional, son riesgos que amenazan tanto el bienestar del cuidador como el éxito de los cuidados que proporciona.

Los servicios municipales cuentan con programas a tal fin, como se ve en el enlace del ayuntamiento de Madrid. La Cruz Roja también proporciona información en esta guía sobre autocuidados. Los cuidados familiares a dependientes, denominados cuidados informales, son un trabajo invisible. La mayoría se desarrolla en el ámbito doméstico y, al no conllevar remuneración, suelen ser poco valorados por la sociedad. No obstante, se estima que si se traduce a términos económicos el tiempo que les dedica representaría entre un 3 y un 5% del PIB. Así mismo, se calcula que el 83,5% de las personas mayores dependientes son atendidas por mujeres, de las cuales cerca del 40% supera los 55 años.

Cuidar al cuidador: ¿cariño es sinónimo de calidad?

La evolución demográfica ha incrementado el número de personas de edad avanzada. Pero la mayor esperanza de vida no siempre se acompaña de un mejor nivel de salud. Por el contrario, las enfermedades crónicas y neurodegenerativas provocan distintos grados de discapacidad. Y esta circunstancia incrementa la necesidad de cuidados en la ultima etapa vital. Por ello, determinar cuál es el modo adecuado de proporcionar cuidados de larga duración no es una cuestión menor.

Un excelente, a mi juicio, artículo que se basa en una reciente encuesta analiza este asunto. Según los datos obtenidos en quince países europeos, la mayoría de los ciudadanos prefiere ofrecer cuidados profesionales a las personas mayores dependientes; mientras tanto, españoles, portugueses y griegos optan por que estos permanezcan en el ámbito familiar. La autora reflexiona sobre si cariño es sinónimo de calidad y plantea la idoneidad de este tipo de cuidados. Y pregunta si la elección no se debe a la falta de alternativas asequibles.

Los efectos de la crisis limitaron la aplicación de la Ley de promoción de la autonomía personal y de atención las personas en situación de demencia. Si de verdad se ha iniciado la senda de la recuperación económica, es momento de volver a poner en marcha su desarrollo. Mientras tanto, cuidar al cuidador seguirá siendo una deuda de la sociedad con quienes atienden a las personas mayores que son dependientes.

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