La soledad en la vejez es un grave problema que requiere soluciones urgentes. Los modelos de convivencia familiar han cambiado y el número de personas mayores que viven solas se incrementa día a día. Sin duda, el perfil de los mayores ha evolucionado sobremanera con respecto a épocas pasadas. La autonomía se ha convertido en un valor en alza para este grupo de población. Un número creciente de mayores antepone su intimidad y libertad a vivir en compañía de otras generaciones. En la sociedad actual, muy individualista, la soledad elegida es un modo de vida que prolifera; incluso los mayores optan por ella. Estar solo no es lo mismo que sentirse solo.

Pero, por el contrario, la soledad no deseada produce daños en quién la sufre. El envejecimiento conlleva un declive de las capacidades orgánicas y funcionales. En su evolución intervienen factores muy diversos; entre otros, el nivel socioeconómico, el estilo de vida o el cuidado de la salud. Sin embargo, los efectos del paso del tiempo en el organismo son inevitables; antes o después, las necesidades de ayuda y apoyo se acentúan. Cuando aparecen estas circunstancias, la soledad en la vejez se convierte en un grave riesgo para la integridad personal. Y la calidad de la vida de quienes viven solos se resiente sin remedio. Lamentablemente, cada vez son más frecuentes los sucesos que ilustran este problema.

Políticas públicas contra la soledad en la vejez

Del envejecimiento de la población y la necesidad de políticas sociales que lo afronten se habla desde hace años. No obstante, se avanza poco para garantizar fórmulas satisfactorias. En España, vivir en una residencia geriátrica suele ser la opción más extendida. La necesidad permanente de cuidados y compañía está así garantizada. Pero ¿es realmente esta la única medida que se puede ofrecer en tales ocasiones? La adecuación del domicilio a las necesidades individuales; la convivencia con personas afines; la adaptación del espacio público, con lugares de reunión comunes, son alternativas válidas en multitud de casos.

Nuestro entorno más inmediato, el europeo, hace ya tiempo que impulsó modelos efectivos en este sentido. Este enlace contiene información sobre una jornada, celebrada en la sede del IMSERSO, en Madrid, en la cual se abordaron tan complejas cuestiones. En Europa están vigentes con resultados positivos diferentes modelos de convivencia para personas mayores. Todos los mayores no son iguales, ni tienen los mismos deseos e intereses. Ofrecer soluciones adaptadas a las necesidades que conlleva la edad avanzada es un reto que las políticas sociales dejen atajar. Es de esperar que la administración pública brinde pronto fórmulas que logren remediar con eficacia los riesgos que conlleva la soledad en la vejez. Sería un inapreciable regalo para muchas personas mayores que están solas en un día como el de hoy.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.