Las enfermedades no transmisibles (ENT) son patologías crónicas, generalmente de evolución lenta, que en la actualidad representan la primera causa de mortalidad; a nivel mundial, son responsables del 70% de las defunciones anuales. Las enfermedades cardiovasculares, respiratorias, el cáncer o la diabetes son ejemplos de ENT. Se denominan de ese modo para diferenciarlas de las enfermedades infecciosas, o transmisibles, que están originadas por gérmenes y se contagian, directa o indirectamente, de unas personas a otras.

La tuberculosis, la disentería o las fiebres tifoideas, entre otras, son enfermedades infecciosas que entrañaron siempre graves riesgos para la salud humana. Pero su control experimentó grandes avances desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX. El descubrimiento de sus agentes causales y su tratamiento, junto a la mejora de las condiciones de vida, permitieron reducir su número; sin embargo, las ENT comenzaron a ocupar su lugar de forma gradual. Hoy constituyen una epidemia cuya magnitud preocupa sobremanera a los responsables sanitarios de todo el planeta. Con el fin de atajar el creciente problema, la OMS ha celebrado recientemente una Conferencia Mundial sobre ENT. El encuentro tuvo lugar del 18 al 20 de octubre de 2017, en Montevideo (Uruguay).

Enfermedades no transmisibles ¿cómo prevenirlas?

Disminuir los porcentajes de ENT constituye uno de los principales retos a los que se enfrenta la Salud Pública. En 2015, estas dolencias provocaron 40 millones de muertes. Pero, aún más grave, es que el 38% de las mismas, 15 millones de las personas fallecidas, tenían entre 30 y 69 años; es decir, son muertes que podrían haberse evitado o retrasado.

Las enfermedades son resultado de una combinación de factores genéticos, ambientales, biológicos y conductuales. No obstante, en el caso de las ENT, los estilos de vida juegan un papel determinante en su aparición. El sedentario, el tabaco, el abuso de alcohol o las dietas inadecuadas perjudican la salud y son los principales responsables del incremento de este tipo de patologías en todo el mundo. En este enlace, la FAO, facilita abundante información respecto hábitos y estilos de vida saludables. Pero la solución al problema no reside únicamente en cambios de conducta individuales. Las políticas públicas sanitarias deben favorecer la existencia de entornos saludables al conjunto de la población; solo de este modo podrá frenarse la progresión de las enfermedades no transmisibles.

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