El cerebro almacena las experiencias y se enriquece con ellas. Por eso, para aprender, cualquier ocasión es buena; hasta las más duras nos pueden servir de mucho. El cerebro es plástico, es decir, moldeable, y tiene una gran capacidad de cambio. Se adapta al medio de forma continua y, gracias a ello, es capaz de aprender a lo largo de la vida. En nuestra mano está poner en orden lo aprendido, como si se tratara de una gran biblioteca llena de conocimiento. ¿Pero es posible sacar provecho del confinamiento por el SARS-CoV-2? La respuesta no es fácil, pues depende de cómo se haya sabido, o podido, manejar una circunstancia tan difícil.

Y es que no hay precedentes en la historia más reciente; nunca un volumen de población tan grande se ha visto en algo igual a lo actual. El 11 de marzo la OMS declaró que es una pandemia, que la COVID-19 se extendía más y más. Y la situación se vive con incertidumbre y temor. Ya hemos aprendido que sus efectos no son los de una gripe, sino mucho más dañinos. También que, por el momento, el único modo de hacerle frente es con las medidas en vigor. Una es el alejamiento social: no acercarnos a otros a menos de un metro y medio o dos; otra, extremar las medidas de higiene que son tan sencillas como la de lavar a menudo las manos y toser hacia el interior del codo. Se impone la responsabilidad de cada cual.

El cerebro almacena las experiencias: ¿seremos más sabios?

Cuesta imaginar qué vamos a encontrar al salir de nuevo a la calle. Lo que parece cierto es que nada será ya igual que era antes. Hoy sobran las frases al estilo de Se veía venir. No es así; nadie fue capaz de preverlo. Hubo hasta quien se opuso a las llamadas a la prudencia. Y hoy sobran las lecciones de buen hacer a quienes afrontan el problema. No es el momento.

Ya lo dijo Pitágoras: escucha, serás sabio; el silencio es el comienzo de la sabiduría. La experiencia es la fuente de todo aprendizaje. Aprovechemos para intentar crecer. La sabiduría no es una cualidad que abunde; solo alcanza a quienes saben gestionar bien la experiencia que dan los años vividos. No es tarea fácil. Por el momento, hay que mantener el ánimo alto, no perder la esperanza y poner el foco de interés en el reencuentro con las personas que desean volver a vernos.

 

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.