Villalbilla es un municipio de la Comunidad de Madrid con un alcalde muy activo y comprometido con su cargo. Se trata de una localidad muy peculiar, ya que a la población de su casco urbano se suma la de un conjunto de urbanizaciones muy dispersas entre sí. Sus nombres son Los Hueros, El Robledal, El Mirador, El Gurugú, Zulema, Peñas Albas y El Viso. Su proximidad a Madrid, de la que dista 30 kilómetros, y a Alcalá de Henares, apenas 12, lo convierte en un lugar muy atractivo para vivir. Y es que aúna las ventajas de lo rural con la cercanía de lo urbano. Antonio Barahona, que lleva largo tiempo empuñando el bastón de mando en la alcaldía, ha gestado gran parte de las transformaciones experimentadas en el municipio. 

Nació en Puebla de Obando (Badajoz), en 1950. Aunque extremeño de nacimiento, es madrileño de adopción, pues llegó a la capital a la edad de año y medio. Lo suyo es el mundo de las telecomunicaciones, en el que comenzó a trabajar en 1973. Primero, en Telettra, una compañía italiana que fue comprada por Alcatel; incorporado a esta, permaneció en ella hasta el año 2015, fecha en que se jubiló. Señala con humor que él es hombre de una sola empresa. Su experiencia en el terreno es muy amplia. El desempeño de su trabajo le ha hecho residir en muchos lugares de España y también en Italia; además, ha visitado países como Brasil y Argentina, entre otros. Afirma que su trabajo le ha hecho feliz. Conoció a mucha gente, disfrutó con lo que hacía y estaba bien pagado; en fin, un privilegio al alcance de pocos.       

El modelo de gestión de un alcalde muy activo

La inmersión de Antonio Barahona en la política fue gradual. Empezó con un pequeño grupo de vecinos: Independientes del Zulema. Consideraban que el ayuntamiento no atendía bien sus demandas. Y pretendían hacer presión. Era el año 1991. Se presentaron a las elecciones y obtuvieron dos  concejales. En la siguiente convocatoria ya eran cuatro. La unión del resto de urbanizaciones dio a luz a la PIM (Plataforma Independiente Municipal). En 1999, Barahona llegó así a la alcaldía. Durante tres años, compaginó su profesión con la tarea municipal; una por la mañana y la otra por la tarde. Era duro. Y solicitó una excedencia laboral. 

En 2007, una alianza contra natura entre PP y PSOE impidió gobernar a la PIM, pese a haber ganado las elecciones. El Pacto Antitrasfugismo declaró tránsfugas a los protagonistas. Sin embargo, no se apearon del gobierno municipal. La legislatura quedó lastrada por la falta de transparencia, de saber hacer, de respeto institucional; en resumen, por la conducta antidemocrática que los aupó al poder. Barahona lo recuerda con pesar en el plano personal. El saldo de las arcas municipales ilustra bien el resultado. Cuando se fue ascendía a 7.000.000 de €; cuando volvió a -13.000.000. Es decir, en cuatro años hubo un déficit de 20.000.000 de €. En 2011, la PIM alcanzó la mayoría absoluta. Y así sigue.

Villalbilla ha cambiado. Ya no falta agua, hay más colegios, 1 instituto, dotaciones y servicios. Al frente, un alcalde muy activo que trabaja sin tregua. Él defiende el modelo que lo ha hecho posible: obviar la ideología para centrarse en una gestión moderada y eficaz. Le gusta el debate, escucha, da explicaciones. Pero sabe que no se puede satisfacer a todos. Y bromea diciendo: por eso, en vez de 17 concejales, solo tenemos 10; a un porcentaje no lo convencemos.

 

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