Las pautas alimentarias en verano no deberían, en principio, diferenciarse demasiado de las del resto del año. Sin embargo, con los primeros calores, los medios ya advierten sobre la supuesta necesidad de un cambio de hábitos alimentarios. En realidad, desde una perspectiva nutricional, solo conviene modificar un único componente: la temperatura de los alimentos consumidos. Los requerimientos nutricionales no se modifican en verano. Necesitamos una cantidad similar de carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas, minerales y fibra alimentaria. En todo caso, las altas temperaturas incrementan las necesidades de agua y minerales perdidos a través del sudor. Nada que no aporten unas pautas alimentarias correctas, como las mostradas en este enlace.

El excelente nutricionista Julio Basulto ha dedicado en su blog una reciente entrada sobre la alimentación de las personas mayores, con una serie de recomendaciones dietético-nutricionales. Probablemente, en los días en que el calor aprieta, solo la situada en cuarto lugar deba ponerse en cuarentena; el resto, sin duda, es aplicable a las pautas alimentarias en verano. Disfrutar comiendo, sobre todo en compañía; priorizar los alimentos de origen vegetal frente a los de origen animal; repartir la comida diaria en varias tomas; evitar la monotonía, variando todo lo posible los alimentos; comer con mesura para mantener el peso; moderar el consumo de sal y azúcar o alimentos dulces; consumir poco alcohol y extremar el cuidado en la manipulación y conservación de alimentos son, entre otras, medidas que protegen  la salud.

La alimentación tiene una influencia indiscutible en el nivel de salud y, por tanto, en el bienestar y calidad de vida durante el envejecimiento. El consejo dietético es un componente básico de las actividades de Promoción de la Salud. Por ello, en esta página dedicamos un espacio destacado a cuestiones relacionadas con los alimentos y la nutrición.

Pautas alimentarias en verano: más platos fríos

Comer en verano no significa renunciar a los alimentos saludables habituales. En todo caso, puede que utilicemos menos el fuego para transformarlos. Los calientes platos invernales deberán ser reemplazados por otros más refrescantes; aunque, en contra de la tradición, el gazpacho no representa la única alternativa posible. Muchas hortalizas y verduras pueden consumirse crudas en sabrosas ensaladas. También las recomendables legumbres pueden, y deben, seguir instaladas en la mesa. Si las compramos listas para su uso, simplemente cocidas, evitaremos tener que cocinarlas; aunque también podemos cocinarlas temprano, antes de que el calor apriete. En cualquier caso, transformarlas en sabrosos platos resultará sumamente fácil con apenas esfuerzo.

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