Edgar Morin es uno de los pensadores más emblemáticos e importantes de los siglos XX y XXI. En el año 2001, con motivo de su 80 cumpleaños, la UNESCO le calificó como “el pensador planetario”. La reflexión sobre su obra y sus propuestas ha generado la creación de la Cátedra Itinerante UNESCO «Edgar Morin».  

Nació en París en 1921, en el seno de una familia judía de origen sefardí. A los 10 años perdió a su madre, lo que le ocasionó una profunda y amarga huella. Desde muy joven fue un lector infatigable; cursó estudios universitarios de Sociología y Filosofía y destacó pronto por su firme compromiso con multitud de causas que consideraba justas. Entre otras, apoyó a la República Española; durante la ocupación nazi, perteneció a la Resistencia Francesa; se unió al Partido Comunista Francés, si bien le expulsaron del mismo por su carácter crítico. En los años sesenta ya era un personaje influyente a escala mundial que contribuyó activamente al movimiento de Mayo del 68. En 1983, el gobierno francés le condecoró con la Orden de la Legión de Honor. 

Edgar Morin y el pensamiento complejo

En un reciente libro, titulado Enseñar a vivir. Manifiesto para cambiar la educación, Edgar Morin expone y defiende sus convicciones sobre el papel que ha de cumplir la Educación. Disiente del actual modelo educativo y destaca la necesidad de introducir en él cambios de calado. «Enseñamos a los niños a conocer los objetos aislados, a través de numerosas asignaturas; es preciso volver a colocarlos en su entorno», afirma. A su juicio, la comprensión humana radica en dos grandes núcleos. Por una parte, comprender la relación entre el texto y el contexto, entre el ser y su entorno, entre lo local y lo global; por otra, comprender igualmente lo que vive el prójimo.

Hay que promover un conocimiento capaz de captar los problemas globales y fundamentales, sostiene. Un pensamiento complejo que englobe todo el conocimiento humano. «La historia de la humanidad se debe inscribir en el gran relato de la hominización que, a su vez, se inscribe en el gran relato de la vida que, por su parte, se inscribe en el gigantesco relato del universo». «Es preciso desarrollar un pensamiento transdisciplinar que englobe, conecte e incite a una ética de la comprensión humana».

Edgar Morin, acercándose a su centenario, con su laboriosidad y su defensa de valores, tanto éticos como morales, beneficiosos para la humanidad se constituye en un ejemplo claro de envejecimiento activo.

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