Edgar Morin es uno de los grandes intelectuales no solo del siglo XX, también del XXI. En el año 2001, recibió el calificativo de pensador planetario por parte de la UNESCO; además, la reflexión sobre su obra y sus propuestas de acción ha dado paso a la creación de la Cátedra Itinerante UNESCO Edgar Morin.

Nació el 8 de julio de 1921, en París, en el seno de una familia judía. A los 10 años perdió a su madre y su muerte le dejó una honda y amarga huella que perduró a lo largo del tiempo. Cursó Filosofía y Sociología y muy pronto destacó por su compromiso con las causas que él consideraba justas. Apoyó a la República Española en la Guerra Civil; luchó con la Resistencia Francesa, durante la ocupación nazi; militó seis años en el Partido Comunista Francés, si bien su visión crítica le valió la expulsión. En los años sesenta era ya un personaje influyente a escala mundial que contribuyó con afán al movimiento de Mayo del 68 en París. En 1983, el gobierno francés lo condecoró con la Orden de la Legión de Honor

Edgar Morin y el pensamiento complejo

La labor de investigación del pensador es constante y se refleja en más de 40 libros. El eje sobre el que articula su trabajo es la transformación de la sociedad. En este sentido, considera que la educación es la herramienta más poderosa para lograr el cambio. En la obra Enseñar a vivir. Manifiesto para cambiar la educación expone su postura. Defiende el fomento de un conocimiento capaz de captar los problemas a nivel global; un tipo de pensamiento que englobe el total del saber humano. Porque todas las disciplinas se conectan entre sí. 

Morin cumplirá 101 años en el mes de julio. Pero la edad no le impide continuar con la defensa de unos valores éticos orientados al bien común. Su último libro se ha traducido ahora al español. Su título es Lecciones de un siglo de vida. No se trata de una biografía, sino de un ejercicio de reflexión sobre la vertiente más social de su vida. El autor la comparte con sus lectores. Reconoce haber cometido errores. ¿Quién no lo ha hecho? Y es que cien años de vida dan lugar a gozos y alegrías, pero también a desilusiones y sinsabores. En el fondo, el texto no deja de ser una lección sobre cómo afrontar la vejez.

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