Para mantener en buen estado las capacidades cognitivas no hay mejor receta que practicar ejercicio mental en la vejez. ¿Quién no aspira a conservar sin daño el funcionamiento de la mente? Sobre todo de la memoria, una de las facultades que más declina con la edad. Y es que el bienestar y la calidad de vida se apoyan en ella. El cerebro es el eje de la existencia humana. Él guarda las claves de la identidad de la persona y nos hace ser lo que somos. Por eso es insustituible; al contrario de lo que ocurre en otros casos, es un órgano que no se puede trasplantar.  

Hasta fechas recientes, se creyó que el cerebro perdía la capacidad de cambio y renovación tras los primeros años de vida. Y, por lo tanto, que su menoscabo era inevitable a medida que se eleva la edad. Hoy sabemos que no es así. El uso del cerebro, es decir, el ejercicio mental en la vejez, fortalece la conexión de las neuronas. Además, estimula el nacimiento de otras nuevas, lo que prolonga su buena forma. Es una cualidad que se mantiene a lo largo de toda la vida. Eso sí, a cambio de que nos esforcemos en el cuidado de la mente. No hay que olvidar que la independencia y la autonomía no solo residen en un buen estado físico, sino también intelectivo.

Cómo practicar ejercicio mental en la vejez

Compensar los efectos del paso del tiempo en el cerebro es conveniente. Y se puede lograr. La mejor herramienta es el empleo de materiales para la estimulación cognitiva. Hace años, su uso se limitaba a quienes sufrían una dolencia de tipo neurológico. Sin embargo, su vertiente preventiva y de promoción de la salud no deja de ganar partidarios en la actualidad. El cambio de orientación obedece a que su eficacia está más que probada en cuanto a mejorar el rendimiento de las capacidades mentales. 

Por razones históricas, el colectivo de las personas mayores posee un grado de instrucción más bajo que el resto de grupos de edad. Y a veces desdeñan el uso de un recurso tan útil. En el fondo, temen no saber encarar el esfuerzo que requiere la tarea. Pero no es así. Y se sorprenden al comprobarlo. Es un tipo de material que se adapta a un nivel de conocimientos muy amplio; los años de formación no afectan a su práctica. El plan de trabajo gira en torno a entrenar el mecanismo de la atención. Y solo son necesarias motivación y constancia por parte de quien lo realiza. Es fin, que los años de estudio no juegan un papel determinante en el proceso.    

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