Los expertos no dudan sobre dónde anidan las ganas de vivir. El lugar no es otro que en el cerebro. Es un órgano muy especial; dependemos de él más que de ningún otro. Y es que somos nuestro cerebro. En él se asienta la identidad de la persona; es el almacén de la experiencia; el as en la manga en la vejez; en resumen, es el rey. No en vano, Shakespeare lo calificó de su majestad, el cerebroSin embargo, pese a la admiración que despierta, se ignora mucho de su funcionamiento.

Un aspecto que se conoce bien es el del papel de la dopamina. Se trata de una hormona que media en la comunicación de las neuronas entre sí. Sus funciones son muy variadas. Interviene en la memoria, la atención, el sueño, el aprendizaje y el movimiento. De hecho, los movimientos lentos y sin control en la enfermedad de Parkinson son debidos a su déficit. También se asocia con la motivación y el deseo de vivir. Y de ahí que se la conozca con el nombre de la hormona de la felicidad.

Dónde anidan las ganas de vivir y cómo se activan

Un artículo de prensa reciente trata de la dopamina. El autor, que es un psicólogo de renombre, lo ilustra muy bien. Relata cómo se descubrió que su descarga en el cerebro de las ratas les producía sensación de placer y bienestar; mientras que, por el contrario, su falta las llevaba a la apatía. Desde entonces, numerosos estudios han ratificado así mismo el impacto de la hormona en la motivación humana.

En este sentido, lo mejor de la crónica son las conclusiones. El autor destaca la importancia de la dopamina en la ilusión por vivir. Y el mejor modo de asegurar su presencia en el cerebro es a través de la novedad. Por ejemplo, los sucesos nuevos e inesperados son usuales en la vida de los jóvenes; ahora bien, lo son menos en la vida de los mayores. Es preciso huir de la monotonía. El aislamiento y la falta de estímulos son los grandes enemigos de la vejez. Hay que procurar que la vida sea lo más rica posible. La fórmula no es otra que la de permanecer activos. De esa forma, el cerebro segrega dopamina y las ganas de vivir no menguan. El artículo se puede ver en este enlace

 

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