Todos los grupos humanos valoran la salud como un bien esencial. Los humanos siempre hemos encomendado su cuidado a personajes de prestigio; entre otras, los adivinos, los curanderos o las figuras religiosas. Con procedimientos muy diversos, se encargaban de averiguar la raíz de la enfermedad y remediar sus efectos más negativos. Con el final del siglo XIX y el comienzo del XX, se produjeron en Occidente grandes avances en el ámbito sanitario. El descubrimiento de las vitaminas acabó con carencias de gravedad; la identificación del origen de las enfermedades infecto-contagiosas hizo posible su control; por otra parte, la aparición de las vacunas inauguró la protección de la salud.

Todo ello instauró un modelo de salud biomédico y biologicista. Por una parte, los profesionales diagnosticaban las patologías; por otra, las remediaban con la prescripción de fármacos. Desde este punto de vista, estar sano consistía en no tener dolencias. El enfoque lo modificó la OMS en 1946, año de la constitución de este organismo. La salud se definió de un modo positivo, aún permanente: un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.

Perspectiva actual de la salud

En la actualidad, la salud se considera como un concepto multidimensional; encierra aspectos físicos, pero también psicosociales; además, incluye factores de orden económico y medioambiental. El papel de estas variables fue subrayado en la década de los 70 por Marc Lalonde. El entonces ministro de sanidad de Canadá, elaboró un documento de trabajo con los resultados de una investigación realizada a tal fin. El Informe Lalonde, tal como se le conoce en el ámbito sanitario, hace hincapié en los determinantes de salud. Denomina así a un conjunto de ingredientes de influencia en la salud, tanto a nivel individual como colectivo. Y los reúne en cuatro grandes grupos: la biología humana, el medio ambiente, los estilos de vida y el sistema sanitario.

Lalonde mide el peso de cada uno de ellos en cuanto a su contribución al nivel de salud. Al mismo tiempo, concreta el gasto que se dedica a su mantenimiento. El documento refleja bien el carácter social de la salud, así como el gran peso de unos factores que son externos al individuo. Y pone de relieve una gran paradoja: en las sociedades con un alto nivel adquisitivo, la distribución del gasto en salud es inversamente proporcional al peso de cada uno de sus determinantes.

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