Una científica infatigable acude cada día al Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, en Madrid. Pero lo destacable no es su total entrega al trabajo, algo que ha demostrado sobradamente; más admirable aún es la forma en que mantiene activa su extraordinaria capacidad investigadora. Se llama Margarita Salas y es una autoridad mundial en el ámbito de la información genética. Su trayectoria está plagada de premios y reconocimientos. El pasado 30 de noviembre cumplió 80 años; al día siguiente, recibió en Málaga un homenaje del Talen Women, un galardón orientado a reconocer e impulsar el papel de las mujeres en el campo de la ciencia y la tecnología. La felicitamos por partida doble y deseamos que siga desarrollando su labor por mucho tiempo.

Los duros comienzos de una científica infatigable

Margarita Salas nació en Caneros (Asturias) en 1938 y con 16 años se trasladó a estudiar a Madrid. Hija de un médico, acabó decantándose por la Química. Cursaba tercer año cuando escuchó una conferencia del bioquímico Severo Ochoa. La experiencia marcó su futuro. En cuarto curso estudió bioquímica y en quinto pidió consejo al Premio Nobel sobre su rumbo profesional. Este le recomendó realizar la tesis doctoral y, posteriormente, trabajar con él en Estados Unidos.

El director de tesis fue Alberto Sols y le propuso un trabajo de investigación sencillo. Era mujer y, en aquella época, se desconfiaba de las capacidades intelectuales femeninas. Estaba lejos de imaginar cual iba a ser el desarrollo profesional de su doctoranda. En 1964, acabada la tesis, Salas se trasladó a la universidad de Nueva York, donde la esperaba el laboratorio de Severo Ochoa. Llegó acompañada de su marido, también investigador. Permanecieron allí tres años de gran satisfacción personal y laboral. Al volver, sin embargo, encontraron un panorama bien distinto. No había fondos para investigar, lograron continuar a duras penas con la ayuda proveniente de Estados Unidos.

En el video que acompaña esta entrada podemos ver una entrevista con la científica. Casi al final de su intervención, manifiesta su pesar porque España vaya a perder toda una generación de investigadores, debido a los recortes económicos. Y reclama aumentar el presupuesto para, al menos, mantener un nivel similar al de hace seis años. Nos lamentamos con ella de la situación y esperamos que acabe pronto la insuficiencia de fondos que dificulta la investigación básica española. Se trata de un ámbito de conocimiento esencial para el desarrollo de cualquier país y, por tanto, indispensable para su futuro.

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