El deterioro cognitivo preocupa y asusta. Y es que el temor a las enfermedades neurodegenerativas está hoy muy extendido en la población. El número de demencias se incrementa año a año. La más conocida de todas es la enfermedad de alzhéimer, pero las hay de distintos tipos y características. La OMS considera que frenar su incidencia es una prioridad para la salud pública. No obstante, es bueno recordar que, aunque afecta sobre todo a las personas de edad avanzada, no es una consecuencia de la vejez en sí misma. El porcentaje de quienes la padecen oscila del 5% al 8% de los mayores de 65 años.

Una de las primeras señales de deterioro suele ser la pérdida de memoria. Aunque, eso sí, en un grado superior del que cabe esperar en razón de la edad. La persona que lo sufre extravía objetos, olvida citas y tiene dificultades de expresión. Y todo ello con una frecuencia mayor de la que se puede atribuir a los años, nivel de instrucción y situación individual. El diagnóstico supone siempre un punto de inflexión. Por una parte, en la vida de quién lo recibe; pero, a la vez, en la de la familia. A partir de ese momento, las dudas se acumulan. ¿Cuál será la evolución? ¿Lenta o rápida? ¿Qué se puede hacer? ¿Cómo ayudar? ¿Dónde encontrar apoyos? Surgen más y más preguntas. Sin embargo, a menos que se acuda a los profesionales, no es fácil acertar con el tipo de atención que conviene.

El papel de las terapias no farmacológicas en el deterioro cognitivo

La prescripción de fármacos ni siquiera se recomienda de modo usual a las personas con deterioro cognitivo; además, de ser necesaria, atañe solo al especialista clínico. Por el contrario, son de especial interés los cuidados que no se relacionan con esta; es decir, las terapias no farmacológicas. La lista es muy extensa. Se trata de actividades como la estimulación cognitiva, la relajación o la reminiscencia, de probada eficacia. Pero no son las únicas; hay otras tan novedosas como la terapia de estimulación sensorial que se lleva a cabo en salas específicas (conocidas como Salas Snoezelen) a través de sonidos, colores y luz, integrando elementos visuales, auditivos, olfativos y táctiles.

En fin, es una batería de terapias tan diversas como los profesionales que las emplean. Y cuyo objetivo no es otro que mejorar la calidad de vida de los afectados. Solo la valoración de un profesional garantiza su conveniencia en cada caso concreto. Porque no todas las situaciones requieren la misma actuación. Por otra parte, son profesionales capaces de ofrecer al cuidador un plan integral de cuidados para llevar a cabo una labor tan compleja.

 

 

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