Los fallos de memoria en la vejez tienen solución, en contra de lo que se suele creer. Suponer que el declive de la memoria asociado a la edad es irreversible es un grave error. Porque impide la búsqueda de ayudas para aliviar el problema; sin embargo, existen y funcionan. Cualquier persona se preocupa si su memoria flaquea, si bien ocuparse de ella no es tan frecuente. Y hay una gran diferencia entre ambos términos.
La preocupación intranquiliza o alarma en distinto grado, pero no empuja al movimiento. Por el contrario, la ocupación tiene un sentido más activo: dedicarse o encargarse de un asunto. Si la persona que sufre olvidos es joven, lo más probable es que bromee sobre los efectos de una vejez temprana. Es sabido que relacionar la mala memoria con la edad avanzada es un estereotipo muy común. De ahí que a medida que se cumplen años aumente la inquietud que acompaña a las dificultades.
Afrontar los fallos de memoria en la vejez
Pero el temor hacia la pérdida de memoria no es un aliado para su buen funcionamiento. La mayoría de las alteraciones tienen un carácter benigno, como corroboran los estudios al respecto. Forman parte del declive gradual que acompaña al proceso de envejecimiento. En su origen se encuentran tanto factores genéticos como del entorno, aunque el peso de los segundos supera al de los primeros. Por esta razón, al igual que muchas otras afecciones, un estilo de vida sano es esencial en su desarrollo.
Por otra parte, si se quiere mejorar el rendimiento de la memoria se ha de ejercitar la mente cada día. La base de los contratiempos es una mengua de la capacidad de atención. Los ejercicios de memoria para mayores activan esta competencia y permiten reducir los fallos mediante la estimulación cognitiva. No obstante, conviene no olvidar otros tipos de tareas que fomenten el uso de la mente. Y, cuanto más intensamente, mejor.
