Sobre la efectividad del ejercicio mental hay pocas dudas. Multitud de estudios ponen de relieve sus ventajas, sin necesidad de sobreestimar su eficacia. Quien lo realiza de un modo regular preserva sus habilidades intelectuales en la vejez. Porque el cerebro no pierde su capacidad de renovación y cambio; por el contrario, la mantiene a lo largo de la vida.

De ahí la importancia de emplear este órgano, sin que los muchos años sean una contraindicación. El ejercicio mental fortalece la conexión de las neuronas. Y esa solidez es muy valiosa en una etapa en la que el declive orgánico se acentúa, tanto a nivel psíquico como físico. A veces se piensa que la edad avanzada está reñida con el aprendizaje; sin embargo, para la Neurociencia, hoy es una idea en desuso. 

Aprovechar la efectividad del ejercicio mental

Para el abordaje de nuevos aprendizajes no hay más límite que la motivación que despierta su desarrollo. Los estereotipos negativos que rodean la vejez pueden llevar a negar este hecho, pero se trata de un error, no por extendido menos grave. La capacidad de aprendizaje está siempre presente en mayor o menor grado. Y, en función de las características de cada persona, son múltiples las áreas de conocimiento susceptibles de avivar el interés. Las posibilidades son muy variadas.

Entre otras propuestas instructivas, caben los juegos, como el ajedrez; el dibujo; la pintura; la música; las manualidades de todo tipo o, por qué no, los idiomas. Así mismo, los ejercicios de memoria aquí contenidos, una forma amena de ejercitar la mente. Y es que se componen de actividades que permiten entrenar distintas capacidades intelectuales. Ponen en marcha facultades como el razonamiento, el lenguaje, el cálculo o la atención. Cuanto más heterogéneos son los ejercicios, más se afianza su uso cotidiano. Porque las tareas repetitivas, aburridas, o complejas en exceso, comprometen la perseverancia precisa para obtener un óptimo resultado.