Soledad cumple 100 años. Los celebra rodeada del cariño de profesionales, compañeros y, por supuesto, su familia. Ha pasado mucho tiempo desde que manifestó su deseo de vivir en una residencia. Y hace 12 años que ingresó. Cuando decidió dar el paso, lo hizo convencida. Tras enviudar y convivir con una degeneración macular que reducía su visión, tenía claras sus prioridades: estar acompañada por personas de su edad, contar con atención médica en caso necesario y no alterar el ritmo de vida de su hija y sus dos nietos. No fue una decisión fácil para la familia, pero el tiempo le ha dado la razón. Sin duda, una elección valiente.
Su historia, ejemplo de envejecimiento activo y decisión consciente, muestra que vivir en una residencia geriátrica puede ser sinónimo de bienestar y calidad de vida. Su día a día es activo y participativo. Lejos de estereotipos sobre la pasividad y aburrimiento de los residentes, asegura que “si quieres, no paras en todo el día”. Colabora siempre, ayuda en lo que puede y mantiene una actitud agradecida. Todo el mundo la quiere. Su filosofía es clara: «para recibir, hay que dar».
7 de febrero de 2026: Soledad cumple 100 años

Pese a que la Guerra Civil Española truncó su escolarización, nunca perdió el afán por aprender. Ya en la vejez, antes de ingresar en la residencia, se esforzó en cuidar la memoria y encontró en los sudokus una pasión tardía por los números. Hoy, con la vista limitada, no deja de participar en actividades adaptadas, desde gimnasia hasta manualidades que realiza guiándose por el tacto.
Cumplir 100 años no es solo alcanzar una cifra redonda; en su caso es celebrar una vida de resiliencia, generosidad y optimismo. La historia de Soledad rompe mitos sobre cómo vivir plenamente la última etapa vital. Un domingo más comió en la casa de su hija con la familia. Esta vez se sumaron a la celebración un puñado de amigos y música. Y ella no dudó ni un momento en bailar alegre y sonriente. ¡Muchas felicidades, Sole!
