Ha muerto un hombre generoso, siempre dispuesto a hacer favores. Y si no estaba en su mano, orientaba la ayuda. Nos dejó el 10 de junio de 2026. Quedan años y años de vivencias en común. Porque el vínculo se remonta muy atrás. A la década de los 70, cuando era un joven inquieto que, junto a amigos como él, soñaba con una sociedad distinta. Hoy quedan imágenes de esas etapas. Las primeras con viejas fotos en blanco y negro; después, en color; las más recientes, compartidas en el móvil. Una de ellas, impresa en gran tamaño para el recuerdo. Es de 2009, ocho amigos sonrientes en Nueva York; todos recordamos con agrado el viaje, fue estupendo.
Un hombre generoso al que recordar
Si la frase «hecho a sí mismo» se puede aplicar a alguien, es el indicado. Tuvo pocos recursos en su infancia. Más de una vez le oí contar: «mi madre decía que tuvimos poca suerte con el maestro». Un hombre autoritario y sin formación que imponía la disciplina a golpes en la escuela de Martincano (Segovia) donde Román nació el 4 de octubre 1949. Los niños aprendían poco más que a estar callados.
A los 13 años comenzó a trabajar en Madrid, en una tienda de ultramarinos, donde dormía por las noches sobre sacos de lentejas. Era inteligente y aprendió solo y pronto. A medida que cumplía años, escaló en distintas empresas hasta llegar a formar la suya propia. Podría haber hecho fortuna, pero su sentido de lo justo lo impedía. Su bagaje de sindicalista pesaba en la gestión y el trato de los trabajadores que empleaba. No era un empresario al uso.
Llegó la jubilación. Y con el tiempo libre, lugares que conocer o revisitar juntos. Con la llegada de los nietos, disminuyeron los viajes. Pero nunca nos faltó la comida semanal, con partida de mus en la sobremesa, y película si la cartelera nos convencía. En enero cambió todo, con lo que parecía solo un mareo. El diagnóstico oscureció el horizonte. Pero prolongar la vida sin más no entraba en sus planes. Y rechazó un tratamiento oncológico con escasas perspectivas de éxito. Hemos comido y echado envites y órdagos hasta el final. El padecimiento fue corto, por fortuna, atendido con cuidados paliativos en Azuqueca (Guadalajara), donde residía. Nos deja como legado su entereza. No te olvidaremos, Román.
