Las pirámides de población son la representación gráfica del conjunto de individuos de un país o territorio, distribuido por tramos de edad. Niños y jóvenes se disponen en la base, adultos en el centro y ancianos en el vértice. Una línea vertical divide el conjunto en dos mitades: hombres a la izquierda y mujeres a la derecha. La imagen resultante muestra diferentes perfiles según el tipo de población representado. Si el número de niños y jóvenes predomina sobre el de adultos y, aún más sobre el de ancianos, resultará una imagen triangular de ancha base. Por el contrario, a medida que desciende, la base se estrecha. Si el volumen de personas mayores superara al resto, la pirámide ofrecería una imagen triangular invertida.

El denominado envejecimiento demográfico ha ido modificando el perfil tradicional de las pirámides de población. Esta circunstancia, derivada del constante crecimiento demográfico, suscitó en sus orígenes un intenso debate. Las predicciones auguraban un enorme impacto negativo sobre los recursos, así como la incapacidad medioambiental de resistir la creciente carga poblacional. Un ejemplo es la obra de P. Ehrlich, Población, recursos, medio ambiente. Aspectos de Ecología Humana (1975).  

Pirámides de población española

Finalmente, los pronósticos catastrofistas no llegaron a cumplirse. Las estimaciones se asentaban sobre supuestos teóricos erróneos. Los factores que rigen la dinámica demográfica son de naturaleza compleja. No faltan profesionales que expresan su desacuerdo con la denominación envejecimiento demográfico. Argumentan que es un término inadecuado, pues identifica el aumento de la edad media poblacional con procesos de decadencia social. Las poblaciones no tienen edad, son las personas quienes envejecen, aseguran rotundos los detractores del término. Al parecer, la Demografía, como tantas otras ciencias humanas, es un terreno controvertido.

En la estructura de la pirámide de población española se han producido cambios extraordinarios respecto a épocas pasadas, lo que no entraña necesariamente una crisis demográfica. No obstante, prevalece un discurso alarmista que considera insuficiente el actual volumen de nacimientos. Con un criterio más acorde a la evidencia de los datos, este artículo periodístico discrepa asimismo de tal enfoque. Se trata de una visión amable del envejecimiento demográfico que desde aquí aplaudimos sobremanera.

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